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lunes, 11 de agosto de 2014

La dama ibérica del Llano de la Consolación (Montealegre del Castillo, Albacete). Modelo fotogramétrico en 3D

Hace poco volví a visitar el MAN, algo que ya se está convirtiendo en costumbre porque siempre encuentro alguna excusa para hacerlo: llevar a colegas a conocer la arqueología, ir a tomar notas para realizar alguna reseña, visitar exposiciones temporales... En esta ocasión, a parte de todo eso, nos fijamos en las posibilidades de restauración virtual que tiene una escultura íbera expuesta en uno de los patios. Su mal estado de conservación hace que sea un buen ejemplo para llevar a cabo una restauración mediante software de diseño 3D que permita volver a observar su posible aspecto original. 



Sin embargo, una reconstrucción virtual no se puede hacer en dos mañanas, entre los churros y el café. Se trata de un proceso largo del que nos ocuparemos en los próximos meses. Por ahora, vamos a resumir lo que conocemos de esta pieza, es decir, su documentación histórica y arqueológica, y a mostrar los primeros trabajos de documentación geométrica en 3D que hemos llevado a cabo. Todo este proceso previo de documentación es fundamental para llevar a cabo cualquier trabajo de reconstrucción o restauración virtual ya que sino éste carecería de sentido. 

En 1891 don Pascual Serrano (maestro de Escuela que se convertiría en una figura de referencia para la arqueología regional de la zona de Almansa) visitó Montealegre del Castillo y rápido se dio cuenta del potencial de la zona, realizando los primeros croquis y estableciendo pronto relación con don Antonio José González, cura del pueblo (Fernández de Avilés 1953: p. 3 y ss). Será este último el que comience las excavaciones en ese mismo año sin esperar  ni avisar al Sr. Serrano -¿ansia inocente de buscar los orígenes del pueblo?-. Sea como fuere, durante finales del verano de 1891, el cura del pueblo excavó en la zona del Campo de Blas en busca de suculentas piezas escultóricas que vendió tanto al arqueólogo francés M. A. Engel, al que conocía de excavar en la región, como a Pascual Serrano. Esto nos hace pensar en la concepción tan distinta que se tenía entonces por los bienes patrimoniales, que se cedían o vendían sin gran problema, no sé si por carencia de sensibilidad histórica o por interés económico, quizás por una mezcla de las dos. Sea como fuere, la escultura que nos ocupa, que fue hallada en estas primeras excavaciones, acabó cedida al Louvre, en París, junto con otras tantas esculturas íberas de piedra. En 1941, sin embargo, la dama sedente del Llano de la Consolación, fue devuelta por el Louvre a España (junto con la Dama de Elche, entre otras) e ingresó en el Museo Arqueológico Nacional, donde se conserva hasta hoy (Fernández de Avilés 1953: p. 4). 

Croquis realizado por P. Serrano de la zona de Montealegre del Castillo, Albacete. La dama sedente fue hallada en el Campo de Blas, señalado en la parte baja con el número 3 (Fernández de Avilés 1953: p.3)
Lámina del trabajo de Fernández de Avilés sobre las excavaciones en Montealegre del Castillo donde se muestra una fotografía antigua de la dama sedente. 

La dama del Llano de la Consolación es una escultura exenta de piedra caliza de 94 centímetros de altura. Se trata probablemente de la primera dama funeraria íbera hallada en España (Valenciano Prieto 1988). Es una figura acéfala (es decir, que no conserva la cabeza) labrada a tamaño casi natural, sentada sobre un trono con respaldo hasta la mitad de la espalda, con los brazos flexionados y dotada de un escabel para apoyar los pies. Como la Dama de Elche - que probablemente también fue una escultura sedente (Vives Boix 1988)-, está vestida con traje largo y manto, con extremos acabados en borlas. Lleva también un collar de colgantes en forma de bullae que cuesta observar por el mal estado de conservación. Su cronología, en base a su estilo, se ha podido concretar a finales del siglo V a.C. (MAN, inv. 38431). Probablemente se trataba de una escultura policromada, similar a la Dama de Baza, pero actualmente hemos perdido todo rastro de color que pudiera tener. 

Las propias condiciones de la excavación en la que fue hallada la escultura hacen que no se conserve mucha información sobre el contexto arqueológico del hallazgo, algunos extudios a finales de los 70 ya indicaron que lo que se excavó en la zona se trata de una necrópolis y no de un santuario, como se dijo en un principio (Marín Ceballos 1979-80), posteriormnete, esta idea ha seguido siendo estudiada, en especial por Mª del Carmen Valenciano (2000). La escultura de la dama sedente que conservamos en el MAN se situó probablemente en el exterior de una de las tumbas, quizás señalizándola a modo de estela (Valenciano Prieto 1988).

Los expertos no se ponen de acuerdo en si este tipo de imágenes representan diosas o personajes distinguidos de la alta sociedad, probablemente sean algo humano con mucho de simbólico: mujeres de una aristocracia idealizada y cercana a los dioses. Los ricos tronos, en ocasiones adornados con representaciones zoomorfas, las pesadas telas y las joyas que portan simbolizan el prestigio y las virtudes de la mujer ideal aristocrática (Aranegui Gascó 2008).  

Proceso de creación del modelo fotogramétrico de la dama en Photoscan.

El pasado miércoles, 6 de Agosto de 2014, llevé a cabo la toma de imágenes para la creación del modelo fotogramétrico de la pieza. En total son 46 fotografías que rodean la pieza y permiten obtener un preciso modelo 3D. Hemos obtenido una nube de más de 1,5 millones de puntos en calidad media (se obtendría, de ser necesario, una nube mucho más densa en calidad ultra alta). Esto nos va a permitir llevar a cabo la restauración virtual en Blender sobre la propia geometría de la pieza original y, por lo tanto, sin intervenir el original.

Por el momento os dejamos tanto el visor 3D de la pieza con varias anotaciones como un vídeo en el que se muestran distintos detalles de la misma:





Bibliografía

Aranegui Gascó, Carmen (2008): "Mortales e inmortales: a propósito de las damas ibéricas", en S. Estiene et al. (dirs.): Image et religion dans l'antiquitè grecó-romaine, Nápoles, p. 203-216. 
Blázquez, Jose María (1976): "Arte y religión entre los íberos", Historia 16, núm. 1 (1976), pp. 89-94
Fernández de Avilés, A. (1953): "Excavaciones en el Llano de la Consolación (1891-1946)", APL, 4, 1953, 195-209
MAN: Ficha de inventario 38431. 
Marín Ceballos, Mª Cruz. (1979-80): "El 'supuesto' santuario ibérico del Llano de la Consolación (Montealegre del Castillo, Albacete)", Habis, 10-11, pags. 233 y ss.
Valenciano Prieto, Mª del Carmen (1988): "La dama sin rostro", Revista de Arqueología, nº 19. 
Valenciano Prieto, Mª del Carmen (2000): El Llano de la Consolación (Montealegre del Castillo, Albacete). Revisión crítica de una necrópolis ibérica del sureste de la Meseta.
Vives Boix, Francisco (1988): "Ensayo sobre la postura sedente de la Dama de Elche", Revista Pobladores de Elche, nº 20, pp. 13-20.


viernes, 8 de agosto de 2014

Review 3.0. El último viaje de la Fragata Mercedes en el MAN

En ocasiones hablamos de más. Nos puede la lengua y nos indignamos contra todo, viendo malas prácticas en cualquier cosa, desatinos e incluso mala voluntad. Ocurre con frecuencia en un momento en el que se está cayendo la máscara de tantos caraduras que se nos siguen vendiendo como el futuro de nuestro país, en una sociedad en la que quieren hacernos creer que solo importa el valor económico y en la que la prensa contribuye en muchos casos a crear confusión y desvirtuar aún más el sentido de las cosas.

Esto es lo que ha creado durante las últimas semanas ciertas explosiones de desencanto e indignación, en las redes sociales y otros medios, contra la exposición temporal "El último viaje de la Fragata Mercedes. Un tesoro cultural recuperado". O, más bien, contra lo que los medios de comunicación nos contaban de esta exposición: un suculento montón de monedas. Sí, parecía reducirse sólo a eso, a una suerte de casino de luces, espejos y reales de a ocho de plata

Sin embargo, nuestras muestras de descontento -sin duda prematuras- ante lo que era la primera exposición temporal del renovado MAN se han demostrado erróneas. Habíamos hablado antes de tiempo y sin visitar la exposición. Nos equivocamos. Lo que uno se encuentra al visitar la exposición en su conjunto no tiene nada que ver con el canto al dinero que presuponíamos. Se trata de una completa muestra que te acerca al contexto histórico de finales del s. XVIII y principios del XIX, al último viaje de la Fragata Mercedes desde Montevideo a su fatídico destino, a la batalla que se llevó a cabo el 5 de Octubre de 1804 frente al Cabo de Santa María, a la arqueología subacuática, al Caso Odissey, etc. Una completa exposición que hay quien quiere ver ensombrecida por la montaña de reales de oro y plata que encontramos casi al final. Yo creo que es al revés, el conjunto de la exposición arrincona la opulenta colina de monedas

Además, y por eso le damos un espacio en este blog, la muestra cuenta con algunas herramientas propias de la virtualización del patrimonio que es interesante comentar por lo que significan, porque marcan en cierto modo el camino que están tomando las últimas exposiciones en cuanto a representación gráfica del patrimonio gracias a las nuevas tecnologías.


Uno de los primeros recursos que encontramos en la exposición es un interesante audiovisual proyectado sobre una esfera -imitando un antiguo globo terráqueo- que nos muestra la situación política a finales del siglo XVIII y principios del XIX, hasta producirse el ataque al grupo de naves entre las que se encontraba la Mercedes y su posterior captura y traslado a Inglaterra. Destaca una estética que recuerda a algunos videojuegos, como Imperial Glory o Empire Total War. Esta es una constante en muchos de los trabajos de virtualización del patrimonio, que se inspiran de forma inteligente en videojuegos, fundamentalmente de estrategia, para llevar a cabo las recreaciones virtuales. Probablemente sea algo que veamos con más recurrencia en el futuro, quién sabe si, incluso, se podrán hacer colaboraciones entre empresas de videojuegos y empresas patrimoniales para llevar a cabo grandes proyectos de visualización interactiva del patrimonio.



Después, en el ecuador de la exposición, podemos internarnos en una sala que cubre su puerta con una pesada cortina negra para ver otro audiovisual, en este caso a tamaño casi de cine, en el que se nos presenta el relato de la Batalla del Cabo de Santa María en la que la Fragata Mercedes voló por los aires. Es un audiovisual que combina escenas reales con sencillas animaciones, en este caso en 2D. La explicación se hace amena y emocionante, trasladándote sin dificultad al contexto de la batalla. El uso de ilustración digital en 2D o de una técnica 3D muy esquemática, a modo de comic o freestyle, es algo que se está extendiendo poco a poco en este tipo de audiovisuales (sólo hace falta ver los que se encuentran en las salas permanentes del MAN) y puede ser una buena opción pero tampoco hay que abusar de ella. La mejor solución suele ser combinar distintas formas de representación para no cansar al personal y hacer el vídeo más atractivo y sugerente.

El gran formato del audiovisual, al que no hace justicia la foto, utiliza dos proyectores de forma simultánea.


Por último, en una pequeña esquina de una sala de paso, tenemos una aplicación de RA (Realidad Aumentada) en la que podemos ver dos fragatas en 3D, una inglesa y otra española (cada una sobre un marcador), y cómo se disparan entre ellas hasta saltar por los aires la segunda, presumiblemente representando la explosión de la Mercedes. Es una aplicación bastante simple y que en realidad aporta poca -o ninguna- información histórica, eso sí, es muy espectacular. Es algo que tiene especial acogida entre los chavales más jóvenes, que juegan a explotar el barco del contrario (desgraciadamente, siempre pierde el español). La RA es una tecnología de representación gráfica que permite una interactividad con los contenidos y, por lo tanto, puede enriquecer la conversación con las propias exposiciones. Se trata, a mi parecer, de un recurso que tiene muchísimo potencial pero todavía adolece de ciertas limitaciones (como, por ejemplo, el correcto reconocimiento de marcadores en movimiento). Sin duda, una tecnología que aplicada a los museos y a las exposiciones temporales va a dar mucho juego en el futuro. 

Aplicación de RA presente en la exposición.

En definitiva, se trata de una exposición tremendamente recomendable dotada de buenos recursos de la virtualización del patrimonio que se combinan a la perfección con el resto de contenidos sin ocupar un espacio protagonista. 


Nota exposición: 9/10
Nota recursos de virtualización: 8/10



martes, 15 de julio de 2014

Creación de una techumbre de paja en Blender (Tutorial)

Uno de nuestros alumnos del curso de Blender que impartimos en colaboración con la UBU nos preguntó hace poco sobre los modificadores, nodos, sistema de partículas de pelo, etc., que harían falta para recrear en este software una techumbre de paja tradicional. Éste es, en efecto, uno de los sistemas de cubrición más utilizados en el mundo prerromano y, en general, en el mundo rural y tarde o temprano todos los que nos dedicamos a la virtualización del patrimonio nos vamos a encontrar con la necesidad de recrear una techumbre de paja. 

He decidido realizar un ejemplo que no sea excesivamente pesado para que nos permita trabajar con facilidad una reconstrucción de ciertas dimensiones pero que a su vez sea notablemente realista. 



Siguiendo los siguientes videotutoriales podréis crear vuestra propia techumbre de paja: 






Desde aquí os podéis descargar la textura utilizada: 


Y desde aquí el archivo final del ejemplo en formato .blend:



viernes, 6 de junio de 2014

Diez razones para invertir en arqueología en tiempos de crisis

Por muy arqueólogos que seamos, por mucha conciencia como colectivo que podamos tener, más pronto que tarde nos hacemos esta pregunta: ¿de qué narices sirve la arqueología? Afortunadamente, el nerviosismo existencial dura poco si reflexionamos sobre el alcance de las bondades de esta ciencia. No ocurre lo mismo, sin embargo, con gente ajena a la disciplina que tiene una imagen distorsionada de la misma (la que fundamentalmente construyen los medios de comunicación) y que sigue confundiendo la arqueología con un alocado pasatiempo de aventureros y frikis

Todo esto viene a raíz de la publicación de una compañera, también arqueóloga, en Facebook: 



Y en un momento como el actual, donde hay seis millones de españoles sin trabajo, sobre todo jóvenes, donde se sigue diciendo que invertir en educación no garantiza mejores resultados (económicos, suponemos, pues así se mide ahora todo), donde la inversión en I+D+I, tanto pública como privada, ha caído estrepitosamente, obligando a exiliarse a muchos de nuestros mejores investigadores.... ¿Tiene sentido hablar de invertir en arqueología? Creo que sí. Teniendo claro que la educación y la sanidad son los principales pilares en los que debe sustentarse nuestra sociedad, la arqueología puede contribuir mucho como parte del primero de ellos.


Y ahí va una serie de diez puntos para justificarlo:
  1. Invertir en arqueología crea pensamiento democrático. La arqueología es ante todo una ciencia social que estudia al otro, es decir, comparte con la antropología el acercamiento a otras sociedades que frecuentemente son muy distintas a la nuestra pero con las que el grupo de investigación debe empatizar para poder comprender. La arqueología actual nos ayuda a olvidarnos de la idea colonial de ser el ombligo del mundo, a ponernos en el lugar del otro y a ser más solidarios; a reconocer que en lo fundamental todos somos iguales y, por lo tanto, a cimentar nuestras bases democráticas.
  2. Invertir en arqueología crea pensamiento crítico. La arqueología no es una ciencia exacta. Es imposible, en cualquier caso, saber exactamente qué ocurrió en un determinado yacimiento arqueológico. Esto nos hace tener que buscar siempre nuevos indicios que demuestren, enriquezcan o desmientan teorías porque nada es definitivo. Como en toda ciencia, no sirve que un investigador de renombre lance unas afirmaciones, queremos saber en qué se basa, dónde están los datos, qué pruebas tiene. Todo ello contribuye a crear una mente crítica basada en la razón y no en la creencia.
  3. Invertir en arqueología aporta valores de cohesión social. Las personas nos identificamos con nuestro pasado. Nos fascina saber de dónde venimos, averiguar quién habitó nuestra tierra antes que nosotros, cómo vivía, con quién se relacionaba. Descubrir los lazos de las sociedades antiguas, su relación con el paisaje, sus medios de trabajo, sus aficiones e ingenios nos enriquecen como sociedad contemporánea y afianzan los lazos de los grupos locales que se sienten parte de un conjunto mayor, que rompe incluso las barreras de la muerte. El trabajo arqueológico, además, debe ser un trabajo en sociedad, que implique relación de la comunidad local con los restos materiales de su pasado y esto fomente, además, su comprensión y aprecio. 
  4. Invertir en arqueología desarrolla la imaginación. La imaginación es un valor cada vez más arrinconado en la educación reglada tradicional -que deriva de sistemas relacionados con el Taylorismo y la organización fabril- y en el capitalismo extremo en el que vivimos donde el valor económico es el pilar fundamental. Sin embargo, sin imaginación no hay progreso, arte ni ciencia. La imaginación nos hace humanos y la arqueología es un impresionante motor de la imaginación: cuando una persona -sea o no arqueólogo- se enfrenta al pasado a partir de sus restos materiales activa una cantidad ingente de mecanismos mentales para observar en su mente aquella sociedad, sus usos, costumbres, arte, ciudades, etc. 
  5. Invertir en arqueología ayuda a muchos sectores científicos y humanísticos. La arqueología es una ciencia multidisciplinar, es decir, necesita del trabajo colaborativo de muchos profesionales, versados en múltiples campos de estudio: arqueólogos, historiadores, antropólogos, arquitectos, restauradores, artesanos, biólogos, geólogos, químicos, informáticos, diseñadores gráficos, ilustradores, guías turísticos, topógrafos, periodistas, etc., etc. Es una forma segura de dar trabajo a gran cantidad de profesionales de muchos ámbitos de la investigación.
  6. Invertir en arqueología es profundamente patriótico (¡Ojo! ¡Entiéndase bien!). No hablamos de actitudes nacionalistas antihistóricas ni de chovinismos de bandera. No hablamos de buscar las raíces del dialecto valenciano en el íbero ni de sabernos de memoria la lista de reyes visigodos. Hablamos de las posibilidades que tiene la arqueología para mejorar nuestro país, entendido como la comunidad de gente (comunidad de comunidades, más bien) que habita un espacio compartido. Invertir en arqueología puede evitar el exilio al que se está forzando a todos esos profesionales españoles de los que hemos hablado en el punto anterior e, incluso, animar a profesionales extranjeros a que vengan a investigar a nuestro país. Los que se precian de defender a España y "lo español" le están haciendo un flaco favor a nuestro país al fomentar la sangrante fuga de cerebros a la que estamos asistiendo (y que, de paso, les ayuda a rebajar la cifra de desempleo) y esto no se puede permitir.
  7. Invertir en arqueología enriquece el medio rural. En la sociedad fundamentalmente urbana en la que vivimos cada vez hay más pueblos abandonados, zonas empobrecidas que se empobrecen aún más y se ven abocadas a su desaparición. La inversión en arqueología, debido a la localización extraurbana de gran parte de los yacimientos, puede hacer que parte de los profesionales se trasladen durante ciertas épocas del año a trabajar en zonas rurales codo con codo con la gente de los pueblos, crear "comunidad arqueológica" en ellos y fomentar así el desarrollo del medio rural. 
  8. Invertir en arqueología ayuda a proteger el medio ambiente. La intrínseca relación que existe entre la arqueología y el paisaje está cada vez más reconocida por todos los profesionales. De hecho, cada vez se hacen más estudios conjuntos en este sentido que desembocan, en ocasiones, en rutas naturales/arqueológicas. Todo esto contribuye a fomentar una conciencia ecologista que apuesta por la protección del medio ambiente.
  9. Invertir en arqueología fomenta el desarrollo tecnológico. Las prospecciones, excavaciones, investigaciones, museos, exposiciones temporales, páginas web, etc., relacionados con la arqueología ponen en uso una impresionante cantidad de tecnologías tanto para conseguir mejores resultados dentro del trabajo de investigación como para contribuir a una mejor divulgación y socialización de los resultados obtenidos. Todo ello genera muchos proyectos de colaboración entre ingenieros que desarrollan las tecnologías más punteras y proyectos arqueológicos que aportan un campo práctico en el que experimentar con ellas. La arqueología se convierte así también en motor de avance tecnológico. 
  10. Invertir en arqueología contribuye al desarrollo económico a todos los niveles. Finalmente, como no puede ser de otro modo, la arqueología también revierte de forma económica lo que se ha invertido en ella. Probablemente no lo haga en cuatro años pero a medio y largo plazo, sin duda, se demuestra como un impresionante motor de riqueza económica. El turismo es uno de los principales pilares de la economía de nuestro país y la arqueología tiene un papel fundamental en ello. No sólo a nivel estatal sino también a nivel local, la arqueología puede constituir un fuerte reclamo para gente de fuera.

Un caso paradigmático de creación de desarrollo económico a raíz, entre otras cosas, de la inversión en arqueología es el de Cartagena (Murcia).

Sin duda se quedan en el tintero muchas de las razones para invertir en arqueología pero, ¿hacen falta más? Si es así os invito a vosotros mismos a que las propongáis en los comentarios ;)

viernes, 30 de mayo de 2014

El trabajo arqueológico en dioramas

Ayer mismo estuve viendo por twitter imágenes de un diorama presentado en las JEMERG 2014 (Jornadas de Seguridad, Emergencias y Catástrofes) por parte de la policía científica en el que se recreaba un escenario del crimen y se mostraban sus herramientas de trabajo. No pude sino recordar nuestros intentos, por medio de estas maquetas a tamaño real o reducido, de mostrar cómo es el trabajo del arqueólogo -que, además, tiene mucho que ver con el de la policía científica, pero eso es otra historia-.

En los orígenes de la representación 3D de la realidad arqueológica, mucho antes del nacimiento de la informática y de la imagen digital realizada por ordenador, se encuentra la colocación cuidadosa de figuras realizando distintas tareas propias del trabajo del arqueólogo (excavar, medir, cribar, dibujar, fotografiar, etc.) en entornos fingidos, recreando minuciosos ambientes cargados de detalles que constituyen las delicias de los más frikis, pero también de los niños, jóvenes y no tan jóvenes, los viejos y los no tan viejos, que se quedan impresionados ante tanta figurita. Los dioramas han demostrado ser una de las herramientas más útiles de la didáctica y, sobre todo, de las que más interés suscitan en los profanos de la materia. Baste ver el Museo della Civiltà Romana -desgraciadamente hoy cerrado- y cómo, pese a las pocas visitas que tiene por estar poco promocionado, todo el mundo que va allí acaba enamorado. 


Visitantes en el Museo della Civiltá Romana, contemplando una de sus maquetas.

Disponer en un museo de arqueología de dioramas que expliquen cómo es el trabajo del arqueólogo parece imprescindible pero no es así: ni siquiera el MAN, el último gran museo en abrir sus puertas, tiene un pequeño diorama que explique cómo diablos llegan los arqueólogos a esas conclusiones. Son otro tipo de museos, fundamentalmente los etnográficos y antropológicos, los que han tirado tradicionalmente del carro en esta sentido. Pero los dioramas arqueológicos, que expliquen el trabajo llevado a cabo en el yacimiento, son fundamentales en la relación entre nuestra disciplina con la sociedad. Además, no olvidemos que nuestro objeto de trabajo es patrimonio de todos y todo el mundo merece saber cómo se trata y por qué. 

A la izquierda, diorama de la estratigrafía arqueológica de un yacimiento (Anthropology Museum, Wyoming, EEUU); a la derecha, diorama del sitio arqueológico de Wat Po Si nai (Ban Chiang Museum, Tailandia).

¿Qué imagen tiene la gente de nuestro trabajo a partir de estas representaciones? ¿Se ajustan de verdad a lo que nosotros hacemos? ¿Qué impresión ofrecen al mostrarse descontextualizadas o, peor aún, insertas en la dinámica de un museo? Muchas son las preguntas que pueden llevar a cuestionarnos este tipo de trabajos pero, en conjunto, parecen buenas iniciativas y, en muchas ocasiones, atraen más la atención de la gente que las propias piezas originales. 

Dos dioramas -uno a tamaño natural y otro reducido- que muestran la ejecución de un trabajo arqueológico. 

Debemos reconocerlo, estos propios dioramas muestran cosas que a los arqueólogos nos parecen incongruentes y prácticas que serían decididamente erróneas en una excavación arqueológica. Observemos, por ejemplo, cómo en el diorama que hay sobre estas líneas, a la derecha, los muros de un edificio coinciden perfectamente con las cuadrículas excavadas al modo Wheeler. Esto es poco recomendable pues bajo los testigos ("muros" de tierra que quedan entre los cuadrantes excavados) pueden quedarse ocultos muchos muros y no quedar registrados convenientemente.

Pese a todo, ¿a quién le importa? A los arqueólogos, porque a la gente no. La gente lo que quiere ver es una imagen "compuesta" por muchos momentos simultáneos que le acabe dando una impresión general de cómo se lleva a cabo una excavación arqueológica. Este tipo de representación es realmente muy clásico y se ve ya en los vasos griegos, donde, por ejemplo, varios momentos de las bodas se representaban de forma simultánea, sin que, evidentemente, ocurrieran en el mismo momento en la realidad. Así, en un diorama arqueológico podemos ver una excavadora a punto de llevarse algo por delante, un arqueólogo trabajando sobre unos restos óseos y un operario llevando una pala y un pico a dios sabe donde. Probablemente haya otro personaje dentro del baño echando la meada. Quién sabe. Estas cosas no ocurren a la vez en una excavación arqueológica pero esto es irrelevante. Lo que importa es cómo en nuestra mente esa imagen se descompone en varios momentos consecutivos y cobra movimiento.

Pequeño diorama realizado por Jaime Almansa. 

Si continuamos por la senda de los Playmobil nos podemos encontrar muchos otros dioramas arqueológicos. Parece que estos míticos juguetes se han convertido en el arma preferida de la divulgación arqueológica mediante dioramas y constituyen una forma excepcional para conectar de forma visual con la sociedad:


Arriba (izquierda y derecha): dos vistas del diorama de la excavación de Medina Elvira (Granada); abajo a la izquierda el diorama de Atapuerca (Burgos); diorama de una excavación arqueológica realizado por un equipo francés.

La ventaja que tiene el uso de este tipo de juguetes para la recreación del trabajo arqueológico es que predomina un esquematismo empático que permite detectar mucho antes qué son los objetos que se muestran en la escena porque se encuentran ya en el imaginario colectivo de gran parte de la población occidental. Especialmente para aquellos jóvenes que se han educado jugando con Playmobil o Lego, resulta extremadamente sencillo que entiendan qué es lo que está pasando en la escena que se presenta.

El trabajo arqueológico, tanto en su vertiente terrestre como en aquella subacuática, ha sido representado de forma bastante didáctica en al MARQ (Museo Arqueológico de Alicante), con unos dioramas muy ilustrativos. Les faltan, eso sí, las personas: son dioramas a tamaño real -o casi- completamente vacíos de gente, de almas. 

Dioramas arqueológicos vacíos de gente en el MARQ

¿No echáis nada de menos en todos los dioramas propuestos? Sí, efectivamente, falta aproximadamente el 80% del trabajo arqueológico. Sólo encontramos representaciones, en la mayoría de los casos, del trabajo de campo, pero nunca del trabajo de oficina, delante del ordenador; del trabajo de biblioteca buscando información; del trabajo de laboratorio, analizando los materiales; etc. En el imaginario colectivo seguimos imprimiendo la idea de que la arqueología es únicamente excavar y esto, en mi opinión, nos acaba pasando factura. 

A día de hoy, la representación en 3D del trabajo arqueológico no ha salido, prácticamente, del formato analógico para dar paso al mundo digital. Sólo hay pequeños acercamientos, como este en el que se representa en 3D una antigua excavación en un palacio asirio de Nimrud/Kalhu (Irak):



O el propio trabajo que ocupó mi TFM sobre el Horno de Montesa, para el que recree el momento de la excavación del mismo:



A día de hoy vemos cómo estas dos propuestas todavía tienen problemas a la hora de empatizar de forma efectiva con el público y, sobre todo, adolecen de la falta de vida, de personajes animados que estén realizando sus tareas en la propia excavación. De cualquier modo, las posibilidades del 3D digital son distintas y variadas, permitiéndonos una inmersión mayor, la realización de una escena dinámica y, por lo tanto, más realista; etc. Sin duda este es otro camino importante que se va a desarrollar en el futuro y es otra de las vías más interesantes que tiene la arqueología virtual, donde todavía queda mucho por hacer.


¿Conoces otros ejemplos de dioramas arqueológicos interesantes? Enséñanoslos en los comentarios.


martes, 27 de mayo de 2014

Arqueología "galáctica" y las modas de la arqueología en España

"Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana..." (Y ahora os recomiendo, antes de seguir leyendo, subir los altavoces a tope y pulsar a play en el siguiente reproductor:)


UNA VIEJA ESPERANZA

Nos encontramos en un periodo de 
desconcierto arqueológico. Las máquinas 
del ladrillo han sido por fin apagadas y, 
a la fuerza, muchos paletines, antaño armas
de la cata, han acabado recluidos en régimen
de esclavitud en oscuras floristerías. 

Durante la batalla, muchos han perdido
trabajo, ilusión, familia y sueños.
La burbuja inmobiliaria, una estación 
espacial acorazada con potencial suficiente
para destruir un país entero, ha estallado.

Perseguidos por los siniestros agentes
de la Academia y la Administración, muchos 
arqueólogos buscan refundar la disciplina, 
superar la crisis y seguir excavando.
Muchos pretenden, de este modo, devolver
la Galaxia a sus años dorados...



¿Existirá arqueología en el universo Star Wars? Si existiera probablemente sería algo como lo que se ve en la imagen, no muy distinta a la arqueología de toda la vida, con su polvo, sus papeles, sus cuadernillos, paletines, carretillas y sus naves militares estrelladas tras alguna batalla, cubiertas finalmente por la tierra. Si existiera la "arqueología galáctica" quién sabe si tendrían los mismos problemas que nosotros, una burbuja inmoviliaria maligna, mucho curro en época de vacas gordas -¿o serían banthas gordos?- y de espejismos aún más gordos. Y ahora, ¿qué? Se preguntarían. 

Como en la Galaxia, también en nuestro país existen todavía arqueólogos que quieren volver a la época de bonanza. Aquel tiempo de oro en el que el trabajo y el dinero nos desbordaba. Se excavaba mucho, o se hacía algo parecido. Así la describió Jaime Almansa hace poco: "Académicos mayoritariamente desentendidos del mundo y absortos en su búsqueda de un conocimiento que no termina de llegar a nadie. Empresarios que aprovechan el exceso (o defecto) de trabajo para cosificar investigadores, convertidos en herramientas para la liberación del terreno. Técnicos desbordados y desmotivados. Estudiantes todo terreno que aceptan la precariedad como salida a la nada." Y acaba con una pregunta que debemos hacernos todos: "¿Era esa la Arqueología que queremos?"

No sé si de verdad hemos cambiado mucho pero sé que es el momento del cambio. Un cambio sincero de la arqueología tradicional hacia nuevos horizontes que hagan de nuestra disciplina una ciencia más rigurosa, social, ética y pública.

Los que analizan la situación de la Arqueología Española en la actualidad -y muy revelador es en este sentido el último artículo de Neil- hablan de unas oportunas modas a las que muchos de los arqueólogos que se han quedado sin trabajo se están sumando en masa: entre ellas destacan, entre otras, la arqueología pública (con los talleres, quizás, por bandera) y la arqueología virtual. Dos ramas de la arqueología que, en principio, son muy positivas: la primera busca la integración de toda la sociedad de nuestra profesión y de los frutos de nuestro trabajo ya que, al fin y al cabo, el patrimonio pertenece a toda la sociedad y en muchas ocasiones es el dinero público el que nos paga; la segunda explota el desarrollo de las nuevas tecnologías, el famoso mundo del 3D, que permiten importantes avances en la metodología de documentación, investigación y difusión del patrimonio arqueológico. 

A estos carros, entre otros, se está subiendo gran parte de la comunidad profesional arqueológica porque no tienen qué llevarse a la boca y ven en ellos posibles puertas a un futuro profesional. No creo que sea denunciable. En algunas ocasiones, bien es cierto, hay gente que quiere volver a la época de bonanza económica anterior de forma rápida e irreflexiva aprovechándose del trabajo en estas nuevas disciplinas pero, generalmente, se dan de bruces con la realidad y se dan cuenta de que ni es tan fácil organizar talleres didácticos ni se documenta un edificio en 3D por arte de magia. Generalmente no llegan a buen puerto. Estos casos reflejan la situación actual de la arqueología pero no creo que modifiquen en gran medida el futuro de nuestra disciplina. Otra cosa totalmente distinta es la gente que apuesta por estas nuevas "modas" para caminar de verdad hacia un tipo de arqueología distinta hacia la creación paulatina de una arqueología de mayor calidad científica y humana. Estas iniciativas serán las que de verdad marquen el cambio y condicionen el futuro de nuestra profesión.

No nos olvidemos, para acabar, de dos cosas: que no se debe menospreciar la importancia de la arqueología tradicional, la investigación arqueológica pura que se ocupe de la terra sigillata hispánica o de los sistemas de poblamiento del alto Ebro; y que es fundamental comprender que no sólo no podemos volver atrás a aquella época dorada destruida por la famosa Crisis sino que es deseable no hacerlo. Tanto dentro de la Arqueología como fuera de ella se cometieron muchos desmanes que es importante no volver a repetir.

Que la fuerza nos acompañe a todos. Que falta va a hacer.

domingo, 11 de mayo de 2014

Las JIA 2014 y el futuro de la Arqueología

La semana pasada estuvimos en las JIA 2014, compartiendo arqueología, ideas, compañía, opiniones, Kelers 18 y patxaranes. Como os podéis imaginar, el encuentro dio para mucho. Quedé gratamente sorprendido por la importancia que poco a poco le damos a la educación, a la discusión y al debate. Fue un congreso protagonizado por mesas redondas, por proyectos valientes y por algún sano encontronazo. No vi una gran pasarela de egos pero sí muchas ideas y propuestas de colaboración. Creo que tenemos que estar contentos y seguir trabajando en esta línea, porque ese es el camino. 


Por mi parte, tuve la oportunidad de abandonar de forma momentánea las conferencias sobre virtualización del patrimonio, alejarme de los cómodos power point y hablar cara a cara con la gente de temas sin duda de mayor calado: de cómo queremos entender la arqueología, de qué queremos que esta signifique para nosotros y, lo que es más importante, para el resto de la gente. 

Por eso comencé diciendo que allí iba a hablar de política. Política entendida en el sentido más importante de la palabra para el buen funcionamiento de una sociedad libre: "la actividad de cualquier ciudadano que interviene en los asuntos públicos con su opinión, su voto, o de cualquier otro modo" (Novena acepción del término “político,-a” en el diccionario de la RAE. Mayo de 2014). Cabría recordar aquí que quien no es político, en este sentido de la palabra, no es libre, pues entrega su responsabilidad y su capacidad de elección a otra persona. No en vano ya le dijo Francisco Franco, Caudillo de España, a uno de sus ministros a comienzos de los años 40: “Haga usted como yo y no se meta en política”. Pues mire usted, lo siento mucho pero yo me voy a meter en política. El patrimonio cultural es de todos y por lo tanto es algo público, objeto de discusión y de encuentros, objeto de discurso político. 

Hace poco el filósofo italiano Nuccio Ordine escribió hace poco un pequeño pero interesantísimo ensayo titulado La utilidad de lo inútil que me ha hecho reflexionar sobre el punto al que hemos llegado a la hora de apreciar la Cultura y, en particular, el patrimonio arqueológico. Baste como ejemplo esta publicación en la web de la Asociación de Amigos de la Alcazaba de Almería en la que se habla de rentabilidad del patrimonio en términos exclusivamente económicos. Da la impresión de que los beneficios son económicos o no son. Éste es el punto al que hemos llegado y se entiende por la evolución a lo largo del siglo XX de los países “civilizados” hacia una forma de pensar caracterizada por el capitalismo extremo donde priman, sobre todo lo demás, el beneficio económico y el éxito individual. Es esta mentalidad la que nos hace entender la Cultura como algo accesorio e incluso prescindible si no nos aporta grandes beneficios económicos a corto plazo. Es esto lo que hace que los que se consideran políticos profesionales, y en tantas ocasiones nos niegan la capacidad de hacer política al resto, no apuesten por una arqueología social que vaya más allá de las cifras económicas cada cuatro años.

Es el momento de reivindicar una “arqueología inútil” porque, parafraseando al dramaturgo rumano Eugène Ionesco, “si no se comprende la utilidad de lo inútil no se comprende el arte”. Cambiemos arte por arqueología y tendremos la fórmula. Con “arqueología inútil”, obviamente, no me refiero a una arqueología absurda y sin sentido sino a una arqueología donde el beneficio social, cultural y colectivo prime sobre el beneficio económico. ¿Es esto sostenible? Por supuesto. Sólo hace falta concienciar a la gente de que los beneficios como sociedad -sin olvidar los económicos- serán mucho mayores si se construye conocimiento, crítica, respeto y aprecio por todo lo que nos rodea. El camino contrario es pan para hoy y hambre para mañana. 

De forma probablemente fortuita estos cambios en la mentalidad de todos, donde se prefiere la inmediatez a la reflexión -y los nuevos medios de comunicación tienen mucho que ver con esto, como demuestra Nicholas Carr-, benefician no a toda la sociedad sino únicamente a aquellos que buscan enriquecerse de forma individual. Se entiende que el beneficio económico acelerado, las cifras abultadas, los ceros en el cheque, son los garantes del resto de beneficios (social, cultural, intelectual, espiritual, etc.) cuando en realidad es al revés: solo una educación en el trabajo colectivo y en el crecimiento como personas nos puede llevar a cuadrar las cuentas y a obtener una mezcla de rentabilidades que nos permita seguir desarrollándonos como sociedad y, en definitiva, ser felices. 

Es por eso por lo que también reivindiqué en Vitoria la muerte de la rentabilidad, entendida como un ente único centrado en el beneficio económico para reivindicar una mezcla de rentabilidades. Necesitamos comenzar a poner al mismo nivel el beneficio social, intelectual, emotivo y humano que el beneficio económico. ¿Qué podemos hacer para ello? 

En esto, más que yo, deberían tener la palabra todos aquellos que de una forma u otra nos enseñaron los posibles caminos que se le abren a la arqueología del futuro. Me pareció muy importante la defensa del trabajo colectivo y de las asociaciones como vínculo entre la sociedad y el patrimonio que se hizo desde la mesa coordinada por Alberto Polo y Lorena Marín, miembros de AJIPA. Habría que resaltar más, como bien dijo en repetidas ocasiones Álvaro Falquina, la necesidad de actuar, de no quedarse en el debate o en la discusión bizantina. El debate sin actuación no significa nada. La didáctica del patrimonio también estuvo, por suerte, muy presente: ¿cómo debemos enseñar arqueología a aquellos que les es ajena? ¿cómo hacer que la aprecien y la defiendan? De nuevo aquí nos llevamos mucho sobre lo que pensar gracias a Irene Palomero, Gemma Cardona, A. Polo. y a tanta otra gente que participó en el debate conscientes de que la educación es la única salida posible

Se habló de difusión, de accesibilidad, de socialización, de encuentro, en definitiva, de cómo poner en valor el patrimonio de cara a toda la sociedad. Pero una de las cosas más interesantes me pareció la indicación que hizo Jaime Almansa sobre cómo había cambiado la forma de entender "Arqueología Pública" de unos años a esta parte, pasando de ser la arqueología llevada a cabo por las administraciones públicas a ser la arqueología abierta, social, colectiva, comprometida y compartida por todos. Ni punto de comparación, ¿verdad? 

En una búsqueda sobre "public archaeology" en Google Images lo que más resalta son las personas.

Lo que está claro es que el testigo, hoy por hoy, lo tenemos los jóvenes y que de nosotros va a depender que la arqueología siga evolucionando y caminando hacia un modelo más justo y respetuoso tanto con el patrimonio como con las personas que alguna vez fueron, que hoy son y que mañana serán. Al fin y al cabo, el patrimonio y la arqueología son algo fundamentalmente humano, que no va de piedras sino de personas. Si nos conseguimos dar cuenta de eso -y conseguimos transmitírselo a la gente- habremos avanzado mucho.


miércoles, 30 de abril de 2014

La Pompeya de los tontos


Hay ciertas cosas que ocurren con frecuencia en Arqueología y una de ellas es el hallazgo de la Tumba de Alejandro Magno. Esta sí. La de verdad. En tiempos recientes ha ocurrido, por ejemplo, en 1995, cuando se dijo haber encontrado dicho mausoleo en el Oasis de Siwa, pero ahora estamos en racha: en los últimos dos años ya se han excavado varias tumbas de Alejandro, como la hallada en Anfípolis (Macedonia, Grecia) en el verano de 2013 o la que parece haber sido encontrada este mismo mes en plena Alejandría. Aquí hay Tumbas de Alejandro para dar y regalar y, mientras tanto, la casa sin barrer. Cosas de la sensacionalitis extrema, una enfermedad que cada vez nos golpea con más fuerza. Se puede hacer divulgación sin faltar a la verdad pese a que todavía, en el mundo del periodismo cultural, no se entienda. Baste recordar, ya que hablamos del bueno de Alex, el ensayo divulgativo "La Tumba de Alejandro" de Valerio Massimo Manfredi, que recomiendo encarecidamente.

Otra de las frases más manidas del periodismo arqueológico, y que a más de uno nos hacen tirarnos de los pelos, es la famosa "hallada la Pompeya de (término a elegir)". De este modo tenemos la Pompeya ibérica (?), la Pompeya de los dinosaurios chinos, la Pompeya de los microbios en momias, la Pompeya de la Primera Guerra Mundial, etc., y así podríamos seguir en una infinita serie de desafortunadas comparaciones. Si encontramos un yacimiento y queremos que salga publicado en prensa debe ser o el primero, o el más grande, o una de las mil pompeyas que debe tener cada periodo histórico. Si no, no vale nada.

Hemos llegado así a un punto de arbitrariedad en el que todo vale, y si llama la atención de forma simplona y fantasiosa mucho mejor. Obviamente, jugar con fuego quema y todo son risas hasta que alguien pierde un ojo. De este modo, el prestigioso canal National Geographic Channel (NGC) ya está caminando sobre terreno terriblemente pantanoso con programas como "A la caza del tesoro" que rompe todas las leyes habidas y por haber de Patrimonio, o el vergonzoso "Nazi War Diggers", que finalmente ha sido retirado de la parrilla del canal por las intensas presiones que ha sufrido desde la arqueología científica. Y menos mal. Tratar los restos de personas como una atracción de feria no parece lo más adecuado.

En la televisión española quiero creer que no nos estamos dejando llevar por ese extremo sensacionalista pero, en ocasiones, la realidad te da de bruces en la cara. Sí. Tenemos que nombrar a Cuarto Milenio. Hay que reconocer que en las últimas temporadas -quizás por la asociación cada vez más estrecha con Nacho Ares- el programa está incluyendo reportajes de arqueología que de verdad contribuyen a una divulgación de cierta calidad y a la reivindicación de la arqueología como ciencia. Baste recordar, por ejemplo, este pequeño espacio dedicado a las Momias de Quinto de Ebro. Sin embargo, siguen quedando todavía muchas trazas de la arqueología fantástica que sólo consiguen distorsionar más el trabajo científico, como hemos visto este fin de semana con el desafortunado reportaje dedicado a una estela prerromana del Casar de Cáceres y titulado "El mensaje del extraterrestre". En él un supuesto "epigrafista prestigioso" nos mostraba en directo una serie de asociaciones mentales completamente erróneas que le llevan a determinar que un grabado en una estela representa a un extraterrestre.

¿Por qué el equipo de Iker no se ha molestado en contrastar esa información preguntando a catedráticos de filología y arqueología?  No lo sabemos muy bien. Quizás por miedo a que les desmonten esta fantástica teoría y por su comprensible añoranza a todo lo que suene a OVNI. Que está muy bien, no me meto con ello, sólo pido que se investigue con rigor.

¿Deben las cámaras y las ávidas plumas de los periodistas desaparecer del mundo de la arqueología y el patrimonio? De ninguna forma. Es más, creo que se debería potenciar la entrada de los medios de comunicación a las entrañas de nuestro trabajo y quizás así se comenzara a mostrar una arqueología más real, no exenta por ello de misterios y atractivo. Mientras no nos demos cuenta de que el rechazo del sensacionalismo se potencia, precisamente, desde la transparencia total de nuestro trabajo, seguiremos creando, si queréis, otra nueva pompeya, la "Pompeya de los tontos" donde, siguiendo el mito, la gente ha quedado paralizada en el tiempo, estupefacta y fascinada, ante las maravillas inventadas de una arqueología que no existe.

jueves, 10 de abril de 2014

Fotogrametría + Imágenes de internet. Nuevas posibilidades.

Internet es actualmente una inmensísima base de datos que se enriquece cada hora, cada minuto, con ingente cantidad de información creada por usuarios o máquinas. ¿Cuántas personas habrá ahora mismo delante de la Catedral de Notre-Dame de París fotografiándola? ¿Cuántas estarán subiendo también a internet (Facebook, Google +, Flickr, Instagram, etc.) esas mismas imágenes? ¿Cuántas imágenes de esta catedral se subirán en un año a Internet? Hay quien se ha preguntado, a raíz de esto, si sería posible obtener información geométrica gracias a estas imágenes y a un software de fotogrametría SFM. La respuesta, como pudieron comprobar, fue positiva. 

Nube de puntos del Foro Romano obtenida a partir de imágenes de internet y su procesado en un software de fotogrametría SFM. Tiene un aire a sugerente acuarela...

Surge así el proyecto "BigSFM: Reconstructing the World from Internet Photos", con un objetivo muy ambicioso: contruir un modelo 3D del mundo a partir de colecciones online de fotos. La investigación de este grupo de ingenieros se centra, sobre todo en el reconocimiento de localizaciones, la correlación de puntos entre imágenes y la optimización de la fotogrametría SFM (structure from motion), caracterizada por el automatismo y la no necesidad de calibración de cámaras.

El software que usan para crear las inmensas nubes de puntos que llevan a cabo es Bundler, un programa de fotogrametría SFM open source desarrollado por Noah Snavely que podéis encontrar aquí (https://www.cs.cornell.edu/~snavely/bundler/).



Gracias a este trabajo han conseguido construir un algoritmo de fotogrametría SFM que permite detectar puntos afines en millares de fotografías (el modelo de la Fontana de Trevi, por ejemplo, está realizado a partir de 1936 imágenes), reconstruir una nube de puntos correcta a partir de ellas y desarrollar un sistema de actualización automática de estas nubes con el añadido de nuevas fotografías.

¿Qué nos puede aportar esto al estudio del patrimonio y a la arqueología? Las puertas que se abren son muchas:

  • Se demuestran las posibilidades de la fotogrametría llevada a cabo a partir de fotografías de archivo o antiguas que en ningún caso se pensaron para realizar un modelo tridimensional.
  • Esto permitirá, en un futuro, recuperar información 3D que creíamos perdida de monumentos destruidos, por ejemplo, por la guerra. 
  • Nos posibilitará también reconstruir de forma semi-automática yacimientos y excavaciones antiguas para plantear hipótesis con más información sobre la mesa.



Obviamente, este tipo de fotogrametría tiene problemas: en muchas ocasiones no se van a alinear todas las imágenes por motivos de luz o grandes deformaciones de enfoque; se van a obtener modelos que en muchos casos no van a ser perfectos pues es probable que algunas zonas del objeto queden en sombra, es decir, que no salgan en ninguna imagen y por lo tanto no puedan ser reconstruidas; y debemos cotejar las nubes creadas con toda la información que dispongamos para asegurarnos de que no tiene deformaciones o errores graves de geometría.

Aquí podéis ver un ejemplo de este tipo de fotogrametría realizado a partir de unas fotografías de excavación tomadas por Raúl Balsera:



Actualmente estamos a la espera de que se publique en la revista VAR (Virtual Archaeology Review) un artículo sobre la fotogrametría realizada a partir de fotografías de archivo que hemos escrito entre unos cuantos compañeros de profesión y que, esperamos, sirva para dar más luz sobre esta técnica tan poco trabajada y tan llena de posibilidades.

Más información: Building Rome in a Day; Photo Tourism; BigSFM (desde esta web se pueden descargar grandes nubes de puntos de Roma, París, etc.); El archivo fotográfico como fuente para la reconstrucción tridimensional.

jueves, 27 de marzo de 2014

¿Es imprescindible el fotorrealismo? Arqueología virtual "freestyle"

En la mayoría de los casos los que realizamos reconstrucciones virtuales de nuestro patrimonio intentamos alcanzar un realismo fotográfico que permita sorprender al espectador y ponerle ante el dilema de si lo que está viendo es real o "virtual". Esto no se debe simplemente al narcisismo acusado de los profesionales de la materia sino que se busca, en la mayoría de los casos, por el poder empático que tiene este modo de representación y que permite que el patrimonio llegue mejor a todo el mundo. 

Otra forma de representación gráfica que permite una divulgación también muy efectiva es a representación no fotorrealista: dibujos a mano alzada, imágenes en estilo cómic, animaciones 2D, etc. ¿Es posible -y deseable- realizar este tipo de trabajos a partir de modelos 3D? Rotundamente sí. 



Sin que debamos abandonar el fotorrealismo -hay que usarlo cuando sea necesario- en ocasiones puede ser más útil y efectiva una estrategia de representación que, pese a estar basada en entornos 3D, tiene apariencia de imagen 2D. Las ventajas de esta técnica "freestyle" son muchas:

  • Tiene un gran atractivo en vídeos divulgativos que pretendan mostrar el patrimonio de forma más amena, acercándoselo especialmente a los niños.
  • Son representaciones que se hacen en base a un entorno 3D metricamente correcto -si el trabajo de reconstrucción virtual está bien hecho, claro- y ello nos permite hacer representaciones desenfadadas que, sin embargo, conservan su carácter científico.
  • Su estilo diferente se puede combinar con representaciones fotorrealistas y, de este modo, hacer los trabajos más amenos y atractivos.
  • La velocidad de renderizado generalmente es mucho mayor por lo que el tiempo de realización será menor y puede reducir, así mismo, el coste de los proyectos. 
  • Continúa de forma más palpable la tradición del dibujo que se ha usado de forma tradicional, en especial durante el s. XX, para la representación de reconstrucciones arqueológicas. 

Aquí os dejo algunas vistas de la reconstrucción virtual del templo A de La Illeta dels Banyets (El Campello, Alicante) realizadas gracias al modo "freestyle" que incluye Blender en sus últimas versiones. Estas complementan, en un estilo diferente, la representación fotorrealista del mismo.




jueves, 13 de marzo de 2014

Las nuevas formas de siglar y catalogar en arqueología. Códigos QR y DataMatrix.

Creo que hay que ser muy crítico con el uso de los códigos QR en divulgación y museística porque son herramientas que, pese a que llevan una larga trayectoria de uso en estos espacios, no acaban de convencer a los usuarios. Ayer mismo, sin ir más lejos, pregunté a un grupo de 60 personas, formado por estudiantes y arqueólogos, cuántos de ellos habían usado más de una vez un código QR. Es decir, cuántos se habían puesto más de una vez frente a estos jeroglíficos de puntos, habían desenfundado su tablet o smartphone y habían accedido al contenido que estos ofrecen. El resultado fue llamativo: sólo 6 de estas 60 personas lo habían hecho.

Esto refrenda lo que ya comenté en este mismo blog hace unos meses: los códigos QR son en realidad una herramienta minoritaria y muy específica que sirve para objetivos concretos pero no para divulgar o socializar el patrimonio.

Ahora bien, desde hace algunos años se están usando -y parece que con éxito- los códigos QR y otro tipo de códigos similares, los DataMatrix, para una tarea fundamental en el trabajo arqueológico: el siglado de las piezas que nos aparecen día a día en la excavación

Ejemplo de siglado de materiales arqueológicos mediante códigos QR. (Fuente: QR Code Artist)

Esto aporta, según parece, unas ventajas sin precedentes:

  • Permite abandonar, de una vez por todas, el siglado manual realizado mediante la escritura -generalmente con rotulador permanente- del número de inventario realizada sobre el propio objeto arqueológico, y que es, por lo tanto, una técnica invasiva que afecta a la propia pieza.
  • Ésta, en cambio, se trata de una técnica no invasiva: el pegado se realiza mediante el uso de una solución de polipropileno que se puede ser eliminado de la pieza sin ningún daño físico para ésta y resiste al paso del tiempo, facilitando la conservación del propio código adherido a la pieza.
  • Estos códigos te permiten acceder, mediante su escaneado a partir de un smartphone, una tablet, un lector de códigos o unas Google Glasses, a una cantidad de información mayor de cada pieza, por lo que, con la pieza en la mano y leyendo el código con el dispositivo adecuado podemos conseguir mucha información del fragmento de forma instantánea. 
  • La velocidad de siglado es mucho mayor ya que no deben estar los pobres arqueólogos dejándose los ojos con la escritura de números milimétricos en las piezas (que, a su vez, podía llevar a nuevos errores).
Ejemplo de siglado de piezas arqueológicas mediante códigos DataMatrix (Fuente: Fac-Mac)

Nuestro país es pionero en el uso de este tipo de códigos (QR o DataMatrix) para el siglado de objetos arqueológicos: es una técnica usada en yacimientos como Cástulo (Linares, Jaén) y por profesionales como los del CEPAP (Centre d'estudis del patrimoni arqueològic de la prehistòria).

Debemos destacar, eso sí, la diferencia entre códigos QR y códigos DataMatrix (DM). Fundamentalmente es el tamaño de los códigos: los DataMatrix pueden tener una anchura de 2-3 milímetros mientras que los códigos QR generalmente deben ser mayores a 1,5-2 cm. Los primeros necesitan, si son de ese tamaño tan reducido, sensores específicos para facilitar su lectura con exactitud mientras que los segundos tienen la ventaja de que pueden ser leídos por los dispositivos móviles con mayor facilidad. 



Este uso, tanto de los códigos QR como de los códigos DM me parece ejemplar y muy positivo pues, como vemos, facilita mucho el proceso de registro arqueológico y permite un acceso más sencillo a la información de cada pieza. Probablemente sea lo que, a lo largo de las próximas décadas, se vaya imponiendo en el mundo de la arqueología. Este tipo de siglado digital cobrará todavía más importancia cuando se difunda el uso de dispositivos como las Google Glasses que permitan acceder de forma mucho más sencilla a la información que esconden estos códigos. En este sentido ya se están haciendo las primeras pruebas:

Lectura de códigos DM en piezas arqueológicas gracias a las Google Glasses (Fuente: Gglassday)


Para acabar, os dejo con algunas páginas web en las que se puede ampliar la información sobre este tipo de técnica de siglado arqueológico:



lunes, 10 de marzo de 2014

El uso de la fotogrametría digital y otras técnicas de virtualización en la arqueología mexicana

Dentro de unas semanas, el 1 de Abril, comenzamos una nueva edición del curso online de fotogrametría digital y su uso en patrimonio que impartimos desde la UBUabierta. Se trata de un curso fundamentalmente práctico que impartimos por primera vez en Noviembre con el objetivo de extender el uso de esta técnica entre los profesionales del patrimonio y la arqueología, de forma que estos fueran capaces de aplicarla en sus proyectos. 

Uno de los mayores orgullos personales de un profesor es ver que sus alumnos han profundizado en el tema y sabido aprovechar aquellos conocimientos que, con más o menos dificultad, intentamos enseñar. Hoy os dejo con un pequeño artículo del arqueólogo mexicano Jorge Cuauhtémoc Martínez Huerta, uno de nuestros antiguos alumnos, que ha podido aplicar la fotogrametría digital al registro arqueológico de una excavación en México, donde esta técnica es todavía casi un completo desconocido:

Siendo parte de los alumnos del primer curso de Fotogrametría digital, Pablo me ha pedido que hable de mis experiencias en la aplicación de esta técnica en mi país, México.

Por lo tanto les quiero compartir lo que hemos hecho dentro del Proyecto Arqueológico La Quemada (temporada 2013-2014) que lleva a cabo el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) y que consiste en las excavaciones de una zona arqueológica prehispánica ubicada hacia el Norte de México; en el cual decidimos generar modelos 3D como parte del registro arqueológico para complementar los tradicionales dibujos en 2D.

Imagen general de la Zona Arqueológica de La Quemada (Zacatecas, México) a la izquierda y detalle de unas estructuras habitacionales de la misma a la derecha.

Se crearon por medio de fotogrametría, modelos tridimensionales que van desde los pozos de excavación, sus perfiles para mostrar la estratigrafía, restos de estructuras arquitectónicas, hasta piezas arqueológicas individuales recuperadas de la excavación. 

Modelos fotogramétricos de un raspador o desfibrilador (izquierda) y de un perfil de un sondeo o pozo de excavación (derecha).


De esta forma el objetivo es complementar los informes técnicos que se realizan en el país al finalizar un proyecto arqueológico y que deben ser entregados al Instituto rector del patrimonio de México. El formato de los informes es en PDF por lo tanto son ideales para integrarles modelos fotogramétricos que como sabemos pueden ofrecer mayor información que los típicos dibujos arqueológicos en 2D que siempre acompañan a dichos informes. Desde el momento en que Pablo me invito a colaborar con un artículo para su blog, he indagado sobre el uso de estas tecnologías en México y encontré que se han llevado a cabo varios trabajos de virtualización del patrimonio aunque con diferentes técnicas y fines. El escáner laser es hasta ahora el más utilizado por diversos proyectos que van desde registrar los monumentos más importantes del país, hasta la creación de bases de datos de piezas prehispánicas, como la del proyecto de Digitalización Tridimensional de Artefactos Arqueológicos con Fines de Investigación (por parte del INAH).

Modelo fotogramétrico de un pozo de excavación o sondeo en el que se descubrieron unos escalones.

También en el norte de México y otras zonas se han usado tecnológicas como la estación total para la creación de modelos tridimensionales de tumbas prehispánicas, que sirven de base para recursos como la realidad aumentada con fines de divulgación entre el púbico no especializado, pero también como un registro para los profesionales de la materia. Sin embargo el uso de la fotogrametría digital ha sido un poco más limitado, nuestro proyecto es uno de los primeros en utilizarla como parte del registro arqueológico,  pero con ella ya se han realizado reconstrucciones virtuales de monumentos y objetos prehispánicos tanto en el sur (zona maya) como en el centro del país. También en los últimos meses universidades mexicanas están colaborando con el proyecto Archaeocopter de Alemania para virtualizar estructuras de sitios arqueológicos por medio de drones.

Modelo fotogramétrico de la superficie descubierta después de las excavaciones realizadas en unas estructuras habitacionales.

A pesar de estos proyectos la fotogrametría digital en México es todavía muy desconocida por los profesionales del patrimonio y prácticamente de nulo conocimiento para el público en general. Las impresiones que yo he visto en los arqueólogos (pocos hasta el momento) al ver trabajos de fotogrametría han sido muy buenas y despierta gran interés por llevar a cabo más trabajos. En México hay un gran potencial para el desarrollo de esta técnica, aunque la arqueología mexicana se caracteriza por ser tradicionalista y no muy proclive a utilizar nuevas tecnologías por lo que su implementación tomará más tiempo.

Jorge Cuauhtémoc Martínez Huerta