viernes, 21 de febrero de 2014

Reconstrucciones virtuales, ¿quién se debe ocupar de realizarlas?

Hace pocos días, a raíz de los últimos trabajos que estoy haciendo y que fundamentalmente van encaminados a coger soltura en la ejecución de la técnica de reconstrucción facial en 3D, se generó un debate en uno de los grupos de Facebook que me parece interesante recuperar aquí. Nos empezamos a preguntar si realmente tenemos derecho los que nos dedicamos a la virtualización del patrimonio a reconstruir por doquier todo nuestro pasado. ¿Quienes somos para reconstruir un rostro? ¿No debería hacer eso un antropólogo? ¿Quienes para reconstruir un edificio? ¿No debería hacerlo un arquitecto?

Perdonad por el tamaño del artículo -nuestras ajetreadas vidas no nos dejan, en ocasiones, enfrentarnos con textos que a nuestros padres se les antojarían minúsculos- pero es de recibo que si en este blog dedico un espacio a la crítica, invierta el doble en la autocrítica.


Fotomontaje de la reconstrucción facial de Artxua.
Os dejo sin dilación con las reflexiones, a raíz del tema anteriormente comentado, del arqueólogo Javier Muñoz, director de Gerión Hispania en las RRSS:

"Hace unos días pude comprobar los espectaculares resultados que se pueden llegar a obtener tras el modelado y esculpido sobre un cráneo hasta conseguir el hipotético rostro que una vez lo cubrió. Esto es algo que, sin duda alguna, muchos arqueólogos han deseado en sus fueros más internos cuando al excavar han encontrado restos de una sepultura. La curiosidad por saber absolutamente todo de nuestro pasado nos lleva en muchas ocasiones a querer averiguar detalles, que aun no aportando datos especialmente relevantes para el estudio histórico sí que nos ayuda enormemente a acercarnos a esa época que estudiamos. De hecho, una gran restitución del rostro perdido puede llegar a eclipsarnos y no dejarnos ver el bosque que hay tras el. 
Probablemente en época Prehistórica, en los momentos donde el Ser Humano está en proceso de convertirse en lo que hoy vemos andando por la calle, esta técnica puede llegar a cobrar realmente una importancia plena. La restitución de una cara sobre un cráneo de homínido nos puede ayudar casi en igual medida que el propio hallazgo de ese resto arqueológico. ¿Qué sentido tiene una oquedad nasal más grande? ¿Por qué ese frente occipital tan desarrollado? Son cuestiones que pueden ser más fácilmente contestadas y entendidas si podemos cubrir el cráneo desnudo con la faz que una vez tuvo. 
Llegados a este interesante punto, nos deberíamos preguntar, ¿quién debería realizar esta hipótesis de restitución? 
Cuando hablamos de Virtualización del Patrimonio o de Virtualización de forma general hemos de tener en cuenta que el trabajo resultante no es producto de una sola persona, sino que lleva consigo la cooperación y estudio de un equipo multidisciplinar que acaba ofreciendo diversos puntos de vista encaminados a obtener un resultado. El primer paso, sin duda alguna es la toma de conciencia de este particular.
A modo de anécdota contaré como la primera vez que me enfrenté a la restitución de un edificio, concretamente una basílica de época romana, allá por 2002, no tardé en darme cuenta de este punto. Al iniciar el levantamiento de volúmenes empecé a encontrarme con serios problemas en el acabado, ¿ventanas? ¿cuántas vigas? ¿cómo funcionan las aguas del tejado? La primera reacción es dirigirse hacia las restituciones más famosas, hay que tener en cuenta que en esas fechas no abundaban en absoluto las recreaciones 3D tal como las conocemos hoy, pero evidentemente no todas las basílicas son la Basílica Ulpia. La solución a la gran mayoría de mis preguntas y dudas fueron resueltas por el mismo tipo de profesional que las acabó resolviendo en la obra original. La incorporación de un arquitecto al equipo le dio no solo otra perspectiva al trabajo sino respuestas evidentes a lo que a mi me parecía prácticamente imposible de responder. Y lo que me pareció de más interés, aquello que yo daba como verdad absoluta en la restitución arquitectónica, hacía aguas por todos lados tras la aportación de un punto de vista especializado en construcción. 
Con esto, tan solo quiero invitar a la reflexión y hacer cuestionarnos aquello que nosotros habitualmente damos por cierto y del modo que puede cambiar al aportar el punto de vista de un especialista en el tema. Como arqueólogos o historiadores acumulamos conocimientos en base a la comparación entre distintos edificios a lo largo de la Historia, pero solemos olvidar que eso en multitud de ocasiones poco tiene que ver con la resolución de un levantamiento arquitectónico. No basta con conocer todos los paralelos constructivos o las soluciones edificatorias históricas, sino que al realizar un levantamiento en 3D tenemos que dar respuesta a cuestiones que habitualmente solo un arquitecto puede contestar debido a su experiencia y conocimientos acumulados en la construcción de edificios.
Hipótesis de reconstrucción virtual de una puerta medieval de Guadalajara hecha a partir de estudios históricos, histórico-artísticos y arqueológicos.

Cuando nos enfrentamos a un trabajo tan sumamente delicado como una reconstrucción fácil la dificultad se multiplica, puesto que el bagaje que tenemos como arqueólogos o historiadores al enfrentarnos a edificios, en el caso de la anatomía forense no existe. ¿Queda en este caso la labor del virtualizador en el terreno del técnico que únicamente debe seguir las directrices marcadas por el especialista? Probablemente. Igual que al enfrentarnos a la restitución de un edificio el arquitecto es el apoyo técnico ante esta labor que en muchas ocasiones capitanea el propio virtualizador especializado en Patrimonio Cultural. Siendo la anatomía forense un campo que en principio nos resulta realmente ajeno debemos tomar conciencia de nuestro papel y posibilidades
Precisamente, cuando hablamos de equipo o trabajo multidisciplinar estamos hablando de eso, no solo de la composición en sí del equipo, sino de un reparto del trabajo entre los distintos profesionales que forman dicho equipo. En manos del coordinador de ese grupo de trabajo queda determinar el porcentaje de intervención o el papel de cada uno de esos especialistas en la consecución del resultado final."

Ante estas palabras sólo puedo reconocer con humildad que los virtualizadores del patrimonio (no sé si alguna vez llegaré a acostumbrarme a tal título) debemos apostar siempre que sea posible por este trabajo en equipo colaborativo que nos permita desarrollar reconstrucciones virtuales lo más fieles a la realidad histórica. ¿Cómo podemos llegar a saber realmente qué diablos debemos reconstruir si no tenemos contacto con un amplio elenco de profesionales? Esto no es nada nuevo, es un debate que, en especial, se encargan de impulsar con fuerza desde la SEAV (Sociedad Española de Arqueología Virtual) y que, en efecto, debería constituir el centro de todas las reconstrucciones virtuales: contar con un paleobiólogo para que nos diga exactamente la forma que tenían determinados árboles o qué madera se debió usar en la techumbre de determinado edificio; colaborar con un geólogo que nos indique con precisión las características de la zona a reconstruir en determinado siglo; incluso con ingenieros que nos demuestren que determinados mecanismos debían ser así y no de otra manera. Pero, ¿es esto siempre posible? Con rotundidad habría que responder que no.

En la mayoría de proyectos de virtualización -y arqueológicos, no lo olvidemos- no se cuenta con un presupuesto desorbitado que permita pagar un sueldo a una veintena de personas para reconstruir un edificio y aquí entra nuestra figura: la de aquel que, conociendo las tecnologías y herramientas de virtualización, consulta profesionales, expertos, artículos y libros de cada uno de los frentes abiertos para reconstruir con la máxima fidelidad histórica aquello que tiene entre manos.

El conocimiento de las herramientas disponibles y cómo hacer que estas funcionen de puente con el Patrimonio es lo que, finalmente, conduce al éxito de estos proyectos.

Por eso creo que tampoco hay que tener miedo a realizar reconstrucciones virtuales atrevidas siempre y cuando se haya llevado a cabo un trabajo honesto, basado en una investigación previa y siempre que sea honesta también la presentación de los mismos: es necesario hacer hincapié en el tipo de hipótesis que estamos mostrando y, probablemente, en su grado de fiabilidad histórica. A raíz de esto, se ha propuesto en ocasiones establecer porcentajes de fiabilidad al lado de cada reconstrucción virtual ("80% de fidelidad histórica") o incluso un sistema de colores que vaya de menos a más fidelidad (De "azul - altas dosis de imaginación" a "verde - alto grado de rigor histórico"), pero quizás sea llevar el asunto a un extremo un tanto exagerado.

Lo importante, en mi opinión, es que sea un trabajo de repensar, de ida y vuelta, de mostrar ciertos resultados y, poco a poco, ir afinando las hipótesis, tal y como debería ser toda investigación arqueológica. En este sentido se muestra muy ilustrativa una de las últimas entradas del blog de Balawat en la que se explican las vueltas que hay que dar a una reconstrucción para que se acabe adaptando finalmente al pasado potencialmente más real. Obviamente, contando con los profesionales expertos en aquello que se va a reconstruir. Así, finalmente, el papel de los que nos dedicamos a la virtualización del patrimonio se convierte en el de "catalizador" de conocimiento y puesta en marcha de una serie de herramientas tecnológicas y visuales que permitan explicarlo.

Una imagen muy ilustrativa del blog de Balawat donde se muestran anotaciones sobre una reconstrucción virtual sobre las modificaciones que deben realizarse en ella.


Es importante, además, que no olvidemos una cosa: al igual que una investigación histórica, una reconstrucción virtual nunca está terminada, siempre puede ser repensada, refinada y completada. Y nosotros debemos estar abiertos a ello, por eso es tan importante que publiquemos cómo hemos realizado una determinada reconstrucción y en qué nos hemos basado, pues sólo eso mostrará la base histórica de las mismas, sus puntos fuertes y débiles, a posteriores investigadores que podrán mejorar nuestros trabajos. Esta, probablemente, es aún una asignatura pendiente de la Arqueología Virtual.

De cualquier modo, esto no es ningún debate cerrado y siempre estárá abierto a discusión: ¿puede ser capaz un arqueólogo que dedique a virtualización del patrimonio de realizar por sí mismo una reconstrucción en 3D? ¿cómo conseguir una verdadera colaboración entre profesionales en proyectos en los que el presupuesto es muy reducido o inexistente? ¿cuales son las vías más adecuadas para llevar a cabo esta colaboración?